martes, 14 de enero de 2014

Y eso

Miedo, indiferencia, atracción... Son muchas las sensaciones que podemos sentir por lo desconocido, por lo que no entra dentro de nuestros esquemas. El hecho del mero cambio nos puede llegar a aterrorizar, y es verdad que una variante en nuestras vidas puede beneficiar, ¿pero y si derriba todos nuestros esquemas? ¿Y si es esta novedad la que echa a perder todo lo que hemos forjado durante nuestra vida?

El miedo al cambio es un hecho, ya sea en distintas medidas: el cambio de nuestro antiguo sofá, tener que despedirte de un amigo, mudarte y otros son distintos tipos de cambios, y estos tendrán distintos efectos sobre cada persona, un efecto que inconscientemente el individuo escogerá pese a que el no pueda verlo. Pero hoy no vengo a hablar sobre los cambios, eso ya lo hice, hoy quiero hablar sobre la soledad. Y la soledad en general, sino sobre una soledad en particular, una soledad que, en sí, es un miedo, un miedo a quedarnos solos. Porque es esa soledad, esa que acecha en busca de arruinar nuestros círculos, pero que por otro lado es la que aparece cuando nosotros mismos los rompemos. Ya hablé de los tipos de personas en una entrada anterior, y aclaré que tendemos a agruparnos en grupos de confianza; ¿y qué pasa  cuando estos grupos se deshacen? Ya no tienes nadie en quien realmente poder confiar. Eso es soledad, sí, pero no es esa a la que me refiero; la soledad de la que hablo es el hecho de que, en cuanto ese colectivo de separe, no tendrás otro en quien confiar, y esa, querido lector, es la peor de todas. Pero si somos nosotros los que nos agrupamos, ¿entonces forjamos nuestra propia soledad?. Tristemente, así es.

Creo que no seré el único que más de una vez a preferido estar solo, sea por el motivo que sea. De hecho, hay quien puede llegar a disfrutar la soledad, y sinceramente, yo me incluyo entre ellos, pero siempre hasta cierto punto. Es cierto que podemos acostumbrarnos a la soledad, y eso no tiene nada de malo, pero al igual  la soledad puede acostumbrarse a nosotros, y con esto me refiero a esas veces en la que ya somos incapaces de dar el paso para formar parte de un nuevo grupo, nos da miedo que puede pasar en ese nuevo aspecto grupal de nuestra vida. Eso sí es un problema, problema con difícil solución, cuyo afectado deberá hacer lo que pueda para no pensar en los aspectos negativos, mayoritariamente realmente inexistentes.

Así que, desde mi mas humilde palabra, os aconsejo que abracéis tan rápido la soledad como la soltéis.
Oh, soledad, que tan rápido acoges y tan rápido traicionas.

Un saludo y feliz 2014.