lunes, 18 de noviembre de 2013

Te quiero y Gracias

Desde que tenemos consciencia de nuestra existencia, ya no la nuestra sino la de nuestra raza, hemos tendido (de una forma u otra) a comunicarnos; pero de todas las formas en la que durante nuestra historia nos hemos conumicado (señas, balbuceos, rugidos...) podemos destacar la palabra.

La palabra, desde un punto racional, es lo que nos ayuda a comunicar la realidad mientras que si indagamos en un punto más filosófico, es el camino a expresar lo razonable, lo que atrapamos mientras la razón. Puede que esto llegue a confusión pero; ¿Son los sentimientos una realidad? No podemos dar respuesta cierta a esta pregunta, pero lo que si podemos saber es que, desde nuestra razón, podemos asegurar que los sentimientos estén ahí. Entonces, si por un sentido no podemos expresar los sentimientos mediante la palabra y por otro sí, ¿es correcto usar esta para expresar susodichas sensaciones?

Ya existían en los tiempos de la Antigua Grecia un conjunto llamado sofistas, que no usaban el lenguaje verbal como un método de expresar la realidad sino como una vía de manipulación, por lo que nunca podremos fiarnos de lo que nos dicen, ya que, de una manera u otra, las palabras son y se quedan en palabras. ¿No hay algo más allá de ellas, un mensaje que quiere transmitir una sensación, la cual puede transmitirla o no hacerlo? Para ejemplificar:

El "te quiero".Decimos que queremos a alguien cuando sentimos un afecto especial por él; pero el "te quiero" que le dediques a tu padre, ¿es el mismo que al que le dedicas a tu pareja?, y aún así son las mismas palabras, con un mensaje distinto. Y ya no es sólo esto, sino los te quiero que dicen entre amigos al despedirse por chat, en su mayoría son palabras vacías; se intenta transmitir una apelación inexistente: no puedes querer a alguien a quien acabas de conocer. Esto lleva a una degradación de la valoración de tal expresión, pero, desgraciadamente, este proceso es inevitable.
Igual pasa con el "gracias"; ¿quién no ha tenido que dar las gracias cuando en verdad era lo último que quería dar? y en contra posición, ¿nunca has estado tan agradecido que el simple hecho de dar las gracias se queda corto?. Pero ahí sigue, una misma expresión que puede estar tan cargada de emociones y vericidad como vacía y rebosante de hipocresía.

Pero, querido lector, visto que la palabra puede mentir, manipular, dar lugar a confusiones... ¿De verdad tenemos es la forma de comunicación por excelencia? Yo, desde mi humilde punto de vista, no pienso eso. Puede que sea el más generalizado, pero no el más exacto. El más certero, el que nunca mentirá, es el lenguaje de las miradas; una mirada puede transmitir amor, agradecimiento eterno, y a su vez, mientras nuestra boca dice "te quiero", nuestra mirada puede estar vacía de este sentimiento. Nuestra mirada nos puede delatar, decir que nuestras gracias no son sinceras. Una mirada dice mil cosas mientras dice nada. Y es que, amigo mío, no hace falta decir nada para decirlo todo, y se puede decir mucho para no acabar diciendo nada.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Perros y Gatos

Cuando paseamos por la calle, nos cruzamos con docenas y docenas de personas. Personas con sus vidas, con sus familias, con sus preocupaciones, con sus intereses, con sus propias personalidades. Pero dentro de la inmensa variedad que presentan todos y cada unos de estos individuos, yo los clasificos en dos grupos generales: Perros y gatos.

Un perro establece una relación muy íntima con su amo, con aquel en quien puede depositar su confianza plenamente. El perro es posiblemente uno de los animales más sociables del mundo; en su mayoría, se socializan con todo el mundo, no dudan. Crean una dependencia en un vínculo muy cercano (su amo, amigos de este que suelen verle muy a menudo...), un vínculo del que no se desprenderían por nada del mundo, y que protegerá con dientes y garras.
En cambio, un gato es aquel animal que, pese que también establece una relación íntima con ciertas personas, sigue teniendo una cierta independencia intrínseca en él. Este puede establecer relación con otros que no sean de su especie, pero prefiere un círculo cerrado de animales de su clase. Obviamente, al cerrar el pase a su confianza en un grupo tan cerrado, crean una dependencia hacia estos, pero si es necesario, se deshará de ellos, pero no por ello, perteneciendo a este, huirá ante una situación de peligro o dejará que este se fragmente.

Pues bien, las personas-perro serían entonces aquellas que tienen una persona de la que dependen, una persona muy importante en sus vidas que no necesariamente tiene que ser su pareja. Este tipo de personas son bastante sociables, suelen conocer gente a menudo y causan simpatía a unas primeras. A pesar de esto, suelen tener un grupo de amigos que, en efecto, es su sitio. Un grupo muy importante para él, en el que cualquier pérdida será un fracaso para su moral.
En la otra mano, tenemos a las personas-gato. Este tipo de personas por supuesto que establece relaciones, pero prefiere grupos cerrados de gente. No le gustan las multitudes, y necesitan de un primer paso de aquel que quiera conocerle para que este se atreva a seguir conociéndolo. Las personas-gato, a diferencia de los perros, establecen un grupo cercano con otros gatos, no como el perro, que presenta grupos heterogéneos. El felino se entiende mejor con quien no tiene que explicarse. Por supuesto, en el apelativo "hombres-gato" esta también el término "hombre", por lo que una pérdida cercana le afectará, pero será esta característica gatuna la que le hará superar esta situación antes, ya que si en algo destacan los felinos es en ser supervivientes.

Aún así, existen perros y perros, gatos y gatos, excepciones y excepciones. Esta clasificación es muy general, porque como ya he nombrado, hay millones de tipos de personas, pero siempre habrá alguien que tire más para lo canino o lo felino. ¿Y tú, eres más perro o gato?