Miedo, indiferencia, atracción... Son muchas las sensaciones que podemos sentir por lo desconocido, por lo que no entra dentro de nuestros esquemas. El hecho del mero cambio nos puede llegar a aterrorizar, y es verdad que una variante en nuestras vidas puede beneficiar, ¿pero y si derriba todos nuestros esquemas? ¿Y si es esta novedad la que echa a perder todo lo que hemos forjado durante nuestra vida?
El miedo al cambio es un hecho, ya sea en distintas medidas: el cambio de nuestro antiguo sofá, tener que despedirte de un amigo, mudarte y otros son distintos tipos de cambios, y estos tendrán distintos efectos sobre cada persona, un efecto que inconscientemente el individuo escogerá pese a que el no pueda verlo. Pero hoy no vengo a hablar sobre los cambios, eso ya lo hice, hoy quiero hablar sobre la soledad. Y la soledad en general, sino sobre una soledad en particular, una soledad que, en sí, es un miedo, un miedo a quedarnos solos. Porque es esa soledad, esa que acecha en busca de arruinar nuestros círculos, pero que por otro lado es la que aparece cuando nosotros mismos los rompemos. Ya hablé de los tipos de personas en una entrada anterior, y aclaré que tendemos a agruparnos en grupos de confianza; ¿y qué pasa cuando estos grupos se deshacen? Ya no tienes nadie en quien realmente poder confiar. Eso es soledad, sí, pero no es esa a la que me refiero; la soledad de la que hablo es el hecho de que, en cuanto ese colectivo de separe, no tendrás otro en quien confiar, y esa, querido lector, es la peor de todas. Pero si somos nosotros los que nos agrupamos, ¿entonces forjamos nuestra propia soledad?. Tristemente, así es.
Creo que no seré el único que más de una vez a preferido estar solo, sea por el motivo que sea. De hecho, hay quien puede llegar a disfrutar la soledad, y sinceramente, yo me incluyo entre ellos, pero siempre hasta cierto punto. Es cierto que podemos acostumbrarnos a la soledad, y eso no tiene nada de malo, pero al igual la soledad puede acostumbrarse a nosotros, y con esto me refiero a esas veces en la que ya somos incapaces de dar el paso para formar parte de un nuevo grupo, nos da miedo que puede pasar en ese nuevo aspecto grupal de nuestra vida. Eso sí es un problema, problema con difícil solución, cuyo afectado deberá hacer lo que pueda para no pensar en los aspectos negativos, mayoritariamente realmente inexistentes.
Así que, desde mi mas humilde palabra, os aconsejo que abracéis tan rápido la soledad como la soltéis.
Oh, soledad, que tan rápido acoges y tan rápido traicionas.
Un saludo y feliz 2014.
Yo soy
Puede que sí, puede que no.
martes, 14 de enero de 2014
lunes, 9 de diciembre de 2013
Churros con chocolate
¿Nunca habeis pensado que la vida es un poco monótona?
Todos los días lo mismo, una rutina, algo continuo que se apropia de nuestra vida, una eternidad sin frenos que raramente nos sorprende con algo fuera de lugar; es entonces, cuando nos sorprende con algo nuevo, con algo que no entra en nuestro esquema diario: algún regalo, una fiesta, un capricho, o simplemente que alguien recuerde algo significativo que, simplemente, había caído en tu olvido. ¿Y no es así, que vivimos por y para estas cosas? Estas variaciones, los placeres de la vida, son las que nos hacen seguir amando la vida, pero tristemente, estas no son muchas; habrá quien pueda presumir de tener más de ellos mientras que otros no podrán, pero eso no quita el hecho de que sean muy limitados en el transcurso de nuestra vida.
Pero ahora quiero que veas todo esto desde un punto de vista distinto: Alguien acostumbrado a ir al trabajo andando, cruzando un parque, simplemente lo cruza, es parte de su día a día. Pero pongámonos en que ese hombre, por distintas circunstancias, pierde la capacidad de andar; ¿No crees que, ya que no puede volver a cruzar ese parque que antes frecuentaba, empezará a valorar lo que antes no hacía? ¿No empezará a extrañar la belleza de un lugar que antes le era indiferente? Así igual a una persona, que solía desayunar churros los sábados, le diagnostican un colesterol alto y tiene que dejar su costumbre, y así empezará, en su ausencia, a notar lo que de verdad apreciaba lo que antes formaba parte de su día a día.
Nosotros consideramos como placer de la vida aquello que sale de lo típico, pero no somos consciente que el verdadero placer de la vida es, en sí, la vida. Pero por desgracia, o más probable, por estupidez, no nos damos cuenta de las cosas que hacen nuestro día a día nuestro hasta que faltan. Así que, con esto os ruego que disfruteis de cada cosa en vuestra vida, porque algún día podrán faltar, porque ya habrá alguien a quien le falte y tontamente no lo supo apreciar.
Todos los días lo mismo, una rutina, algo continuo que se apropia de nuestra vida, una eternidad sin frenos que raramente nos sorprende con algo fuera de lugar; es entonces, cuando nos sorprende con algo nuevo, con algo que no entra en nuestro esquema diario: algún regalo, una fiesta, un capricho, o simplemente que alguien recuerde algo significativo que, simplemente, había caído en tu olvido. ¿Y no es así, que vivimos por y para estas cosas? Estas variaciones, los placeres de la vida, son las que nos hacen seguir amando la vida, pero tristemente, estas no son muchas; habrá quien pueda presumir de tener más de ellos mientras que otros no podrán, pero eso no quita el hecho de que sean muy limitados en el transcurso de nuestra vida.
Pero ahora quiero que veas todo esto desde un punto de vista distinto: Alguien acostumbrado a ir al trabajo andando, cruzando un parque, simplemente lo cruza, es parte de su día a día. Pero pongámonos en que ese hombre, por distintas circunstancias, pierde la capacidad de andar; ¿No crees que, ya que no puede volver a cruzar ese parque que antes frecuentaba, empezará a valorar lo que antes no hacía? ¿No empezará a extrañar la belleza de un lugar que antes le era indiferente? Así igual a una persona, que solía desayunar churros los sábados, le diagnostican un colesterol alto y tiene que dejar su costumbre, y así empezará, en su ausencia, a notar lo que de verdad apreciaba lo que antes formaba parte de su día a día.
Nosotros consideramos como placer de la vida aquello que sale de lo típico, pero no somos consciente que el verdadero placer de la vida es, en sí, la vida. Pero por desgracia, o más probable, por estupidez, no nos damos cuenta de las cosas que hacen nuestro día a día nuestro hasta que faltan. Así que, con esto os ruego que disfruteis de cada cosa en vuestra vida, porque algún día podrán faltar, porque ya habrá alguien a quien le falte y tontamente no lo supo apreciar.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Te quiero y Gracias
Desde que tenemos consciencia de nuestra existencia, ya no la nuestra sino la de nuestra raza, hemos tendido (de una forma u otra) a comunicarnos; pero de todas las formas en la que durante nuestra historia nos hemos conumicado (señas, balbuceos, rugidos...) podemos destacar la palabra.
La palabra, desde un punto racional, es lo que nos ayuda a comunicar la realidad mientras que si indagamos en un punto más filosófico, es el camino a expresar lo razonable, lo que atrapamos mientras la razón. Puede que esto llegue a confusión pero; ¿Son los sentimientos una realidad? No podemos dar respuesta cierta a esta pregunta, pero lo que si podemos saber es que, desde nuestra razón, podemos asegurar que los sentimientos estén ahí. Entonces, si por un sentido no podemos expresar los sentimientos mediante la palabra y por otro sí, ¿es correcto usar esta para expresar susodichas sensaciones?
Ya existían en los tiempos de la Antigua Grecia un conjunto llamado sofistas, que no usaban el lenguaje verbal como un método de expresar la realidad sino como una vía de manipulación, por lo que nunca podremos fiarnos de lo que nos dicen, ya que, de una manera u otra, las palabras son y se quedan en palabras. ¿No hay algo más allá de ellas, un mensaje que quiere transmitir una sensación, la cual puede transmitirla o no hacerlo? Para ejemplificar:
El "te quiero".Decimos que queremos a alguien cuando sentimos un afecto especial por él; pero el "te quiero" que le dediques a tu padre, ¿es el mismo que al que le dedicas a tu pareja?, y aún así son las mismas palabras, con un mensaje distinto. Y ya no es sólo esto, sino los te quiero que dicen entre amigos al despedirse por chat, en su mayoría son palabras vacías; se intenta transmitir una apelación inexistente: no puedes querer a alguien a quien acabas de conocer. Esto lleva a una degradación de la valoración de tal expresión, pero, desgraciadamente, este proceso es inevitable.
Igual pasa con el "gracias"; ¿quién no ha tenido que dar las gracias cuando en verdad era lo último que quería dar? y en contra posición, ¿nunca has estado tan agradecido que el simple hecho de dar las gracias se queda corto?. Pero ahí sigue, una misma expresión que puede estar tan cargada de emociones y vericidad como vacía y rebosante de hipocresía.
Pero, querido lector, visto que la palabra puede mentir, manipular, dar lugar a confusiones... ¿De verdad tenemos es la forma de comunicación por excelencia? Yo, desde mi humilde punto de vista, no pienso eso. Puede que sea el más generalizado, pero no el más exacto. El más certero, el que nunca mentirá, es el lenguaje de las miradas; una mirada puede transmitir amor, agradecimiento eterno, y a su vez, mientras nuestra boca dice "te quiero", nuestra mirada puede estar vacía de este sentimiento. Nuestra mirada nos puede delatar, decir que nuestras gracias no son sinceras. Una mirada dice mil cosas mientras dice nada. Y es que, amigo mío, no hace falta decir nada para decirlo todo, y se puede decir mucho para no acabar diciendo nada.
La palabra, desde un punto racional, es lo que nos ayuda a comunicar la realidad mientras que si indagamos en un punto más filosófico, es el camino a expresar lo razonable, lo que atrapamos mientras la razón. Puede que esto llegue a confusión pero; ¿Son los sentimientos una realidad? No podemos dar respuesta cierta a esta pregunta, pero lo que si podemos saber es que, desde nuestra razón, podemos asegurar que los sentimientos estén ahí. Entonces, si por un sentido no podemos expresar los sentimientos mediante la palabra y por otro sí, ¿es correcto usar esta para expresar susodichas sensaciones?
Ya existían en los tiempos de la Antigua Grecia un conjunto llamado sofistas, que no usaban el lenguaje verbal como un método de expresar la realidad sino como una vía de manipulación, por lo que nunca podremos fiarnos de lo que nos dicen, ya que, de una manera u otra, las palabras son y se quedan en palabras. ¿No hay algo más allá de ellas, un mensaje que quiere transmitir una sensación, la cual puede transmitirla o no hacerlo? Para ejemplificar:
El "te quiero".Decimos que queremos a alguien cuando sentimos un afecto especial por él; pero el "te quiero" que le dediques a tu padre, ¿es el mismo que al que le dedicas a tu pareja?, y aún así son las mismas palabras, con un mensaje distinto. Y ya no es sólo esto, sino los te quiero que dicen entre amigos al despedirse por chat, en su mayoría son palabras vacías; se intenta transmitir una apelación inexistente: no puedes querer a alguien a quien acabas de conocer. Esto lleva a una degradación de la valoración de tal expresión, pero, desgraciadamente, este proceso es inevitable.
Igual pasa con el "gracias"; ¿quién no ha tenido que dar las gracias cuando en verdad era lo último que quería dar? y en contra posición, ¿nunca has estado tan agradecido que el simple hecho de dar las gracias se queda corto?. Pero ahí sigue, una misma expresión que puede estar tan cargada de emociones y vericidad como vacía y rebosante de hipocresía.
Pero, querido lector, visto que la palabra puede mentir, manipular, dar lugar a confusiones... ¿De verdad tenemos es la forma de comunicación por excelencia? Yo, desde mi humilde punto de vista, no pienso eso. Puede que sea el más generalizado, pero no el más exacto. El más certero, el que nunca mentirá, es el lenguaje de las miradas; una mirada puede transmitir amor, agradecimiento eterno, y a su vez, mientras nuestra boca dice "te quiero", nuestra mirada puede estar vacía de este sentimiento. Nuestra mirada nos puede delatar, decir que nuestras gracias no son sinceras. Una mirada dice mil cosas mientras dice nada. Y es que, amigo mío, no hace falta decir nada para decirlo todo, y se puede decir mucho para no acabar diciendo nada.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Perros y Gatos
Cuando paseamos por la calle, nos cruzamos con docenas y docenas de personas. Personas con sus vidas, con sus familias, con sus preocupaciones, con sus intereses, con sus propias personalidades. Pero dentro de la inmensa variedad que presentan todos y cada unos de estos individuos, yo los clasificos en dos grupos generales: Perros y gatos.
Un perro establece una relación muy íntima con su amo, con aquel en quien puede depositar su confianza plenamente. El perro es posiblemente uno de los animales más sociables del mundo; en su mayoría, se socializan con todo el mundo, no dudan. Crean una dependencia en un vínculo muy cercano (su amo, amigos de este que suelen verle muy a menudo...), un vínculo del que no se desprenderían por nada del mundo, y que protegerá con dientes y garras.
En cambio, un gato es aquel animal que, pese que también establece una relación íntima con ciertas personas, sigue teniendo una cierta independencia intrínseca en él. Este puede establecer relación con otros que no sean de su especie, pero prefiere un círculo cerrado de animales de su clase. Obviamente, al cerrar el pase a su confianza en un grupo tan cerrado, crean una dependencia hacia estos, pero si es necesario, se deshará de ellos, pero no por ello, perteneciendo a este, huirá ante una situación de peligro o dejará que este se fragmente.
Pues bien, las personas-perro serían entonces aquellas que tienen una persona de la que dependen, una persona muy importante en sus vidas que no necesariamente tiene que ser su pareja. Este tipo de personas son bastante sociables, suelen conocer gente a menudo y causan simpatía a unas primeras. A pesar de esto, suelen tener un grupo de amigos que, en efecto, es su sitio. Un grupo muy importante para él, en el que cualquier pérdida será un fracaso para su moral.
En la otra mano, tenemos a las personas-gato. Este tipo de personas por supuesto que establece relaciones, pero prefiere grupos cerrados de gente. No le gustan las multitudes, y necesitan de un primer paso de aquel que quiera conocerle para que este se atreva a seguir conociéndolo. Las personas-gato, a diferencia de los perros, establecen un grupo cercano con otros gatos, no como el perro, que presenta grupos heterogéneos. El felino se entiende mejor con quien no tiene que explicarse. Por supuesto, en el apelativo "hombres-gato" esta también el término "hombre", por lo que una pérdida cercana le afectará, pero será esta característica gatuna la que le hará superar esta situación antes, ya que si en algo destacan los felinos es en ser supervivientes.
Aún así, existen perros y perros, gatos y gatos, excepciones y excepciones. Esta clasificación es muy general, porque como ya he nombrado, hay millones de tipos de personas, pero siempre habrá alguien que tire más para lo canino o lo felino. ¿Y tú, eres más perro o gato?
Un perro establece una relación muy íntima con su amo, con aquel en quien puede depositar su confianza plenamente. El perro es posiblemente uno de los animales más sociables del mundo; en su mayoría, se socializan con todo el mundo, no dudan. Crean una dependencia en un vínculo muy cercano (su amo, amigos de este que suelen verle muy a menudo...), un vínculo del que no se desprenderían por nada del mundo, y que protegerá con dientes y garras.
En cambio, un gato es aquel animal que, pese que también establece una relación íntima con ciertas personas, sigue teniendo una cierta independencia intrínseca en él. Este puede establecer relación con otros que no sean de su especie, pero prefiere un círculo cerrado de animales de su clase. Obviamente, al cerrar el pase a su confianza en un grupo tan cerrado, crean una dependencia hacia estos, pero si es necesario, se deshará de ellos, pero no por ello, perteneciendo a este, huirá ante una situación de peligro o dejará que este se fragmente.
Pues bien, las personas-perro serían entonces aquellas que tienen una persona de la que dependen, una persona muy importante en sus vidas que no necesariamente tiene que ser su pareja. Este tipo de personas son bastante sociables, suelen conocer gente a menudo y causan simpatía a unas primeras. A pesar de esto, suelen tener un grupo de amigos que, en efecto, es su sitio. Un grupo muy importante para él, en el que cualquier pérdida será un fracaso para su moral.
En la otra mano, tenemos a las personas-gato. Este tipo de personas por supuesto que establece relaciones, pero prefiere grupos cerrados de gente. No le gustan las multitudes, y necesitan de un primer paso de aquel que quiera conocerle para que este se atreva a seguir conociéndolo. Las personas-gato, a diferencia de los perros, establecen un grupo cercano con otros gatos, no como el perro, que presenta grupos heterogéneos. El felino se entiende mejor con quien no tiene que explicarse. Por supuesto, en el apelativo "hombres-gato" esta también el término "hombre", por lo que una pérdida cercana le afectará, pero será esta característica gatuna la que le hará superar esta situación antes, ya que si en algo destacan los felinos es en ser supervivientes.
Aún así, existen perros y perros, gatos y gatos, excepciones y excepciones. Esta clasificación es muy general, porque como ya he nombrado, hay millones de tipos de personas, pero siempre habrá alguien que tire más para lo canino o lo felino. ¿Y tú, eres más perro o gato?
viernes, 25 de octubre de 2013
Cambios
Hoy una amiga, cabe destacar que muy cercana, me ha dicho que he cambiado mucho. Al principio me he sorprendido, pero después he reflexionado sobre ello.
He cambiado, y lo he hecho intencionadamente. El cambio no es algo que suceda tal como respiramos, por impulso, sino que el cambio viene dado por una serie de situaciones. Una serie de situaciones que nosotros ni mucho menos decidimos. Cuando digo que he cambiado intencionadamente, no quiero decir que yo haya estado a favor de este cambio.
En mi caso, este cambio se ha dado a que estoy harto de darlo todo y no recibir una mierda,, y no lo digo porque quiera ponerme en plan cuenta penas como muchos otros. Desde un principio decidí dedicar mi vida a los demás, hacer feliz era mi felicidad, era mi propósito y se que un algún lugar muy escondido dentro de mí lo sigue siendo, y ahí estará por siempre.
En contra de mi naturaleza normalmente benévola, he decidido ser más frío, preocuparme más por mí y por lo que me conviene. Puede que sea una actitud egoísta, pero es la que he recibido y será la que yo tenga con aquellos que cuando les ofrecí la mano me cogieron el brazo y parte del otro.
Y ahora, pidiéndoos perdón por este lapsus tan personal, seguiré hablando desde un punto más objetivo. Cuando cambiamos es porque nos vemos en unas condiciones en las que o cambiamos algo de nuestra vida o estamos destinados a sufrir, cuando nos enfrentamos a una verdad de la que no queremos ser conscientes la huimos con el cambio, para hacer que nunca ha existido, que no tenemos nada que ver con ella o que somos simplemente mejor que eso, pese que rebajarnos a renunciar a nuestras identidades por huir sea a lo más bajo que se pueda llegar en cualquier situación.
Pero el problema es cuando esta situación es insuperable, ¿es entonces huir una opción de cobardes? No lo creo. Uno no se puede enfrentar a aquello que temiendo, sabe que por mucho que lo intente no conseguirá superarlo.
Y si os preguntáis qué tipo de "cosa" puede provocar esta situación, yo os pregunto: ¿Qué hay en el mundo más inalcanzable al dominio humano que los sentimientos? Porque el amor, sin duda alguna, es quien ha provocado más cambios en las personas, ya sea para perseguirlo o para huir de él.
Pero recordad: Las máscaras cambian, pero el enmascarado siempre es el mismo.
Bienvenidos a mi blog.
He cambiado, y lo he hecho intencionadamente. El cambio no es algo que suceda tal como respiramos, por impulso, sino que el cambio viene dado por una serie de situaciones. Una serie de situaciones que nosotros ni mucho menos decidimos. Cuando digo que he cambiado intencionadamente, no quiero decir que yo haya estado a favor de este cambio.
En mi caso, este cambio se ha dado a que estoy harto de darlo todo y no recibir una mierda,, y no lo digo porque quiera ponerme en plan cuenta penas como muchos otros. Desde un principio decidí dedicar mi vida a los demás, hacer feliz era mi felicidad, era mi propósito y se que un algún lugar muy escondido dentro de mí lo sigue siendo, y ahí estará por siempre.
En contra de mi naturaleza normalmente benévola, he decidido ser más frío, preocuparme más por mí y por lo que me conviene. Puede que sea una actitud egoísta, pero es la que he recibido y será la que yo tenga con aquellos que cuando les ofrecí la mano me cogieron el brazo y parte del otro.
Y ahora, pidiéndoos perdón por este lapsus tan personal, seguiré hablando desde un punto más objetivo. Cuando cambiamos es porque nos vemos en unas condiciones en las que o cambiamos algo de nuestra vida o estamos destinados a sufrir, cuando nos enfrentamos a una verdad de la que no queremos ser conscientes la huimos con el cambio, para hacer que nunca ha existido, que no tenemos nada que ver con ella o que somos simplemente mejor que eso, pese que rebajarnos a renunciar a nuestras identidades por huir sea a lo más bajo que se pueda llegar en cualquier situación.
Pero el problema es cuando esta situación es insuperable, ¿es entonces huir una opción de cobardes? No lo creo. Uno no se puede enfrentar a aquello que temiendo, sabe que por mucho que lo intente no conseguirá superarlo.
Y si os preguntáis qué tipo de "cosa" puede provocar esta situación, yo os pregunto: ¿Qué hay en el mundo más inalcanzable al dominio humano que los sentimientos? Porque el amor, sin duda alguna, es quien ha provocado más cambios en las personas, ya sea para perseguirlo o para huir de él.
Pero recordad: Las máscaras cambian, pero el enmascarado siempre es el mismo.
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