Cuando paseamos por la calle, nos cruzamos con docenas y docenas de personas. Personas con sus vidas, con sus familias, con sus preocupaciones, con sus intereses, con sus propias personalidades. Pero dentro de la inmensa variedad que presentan todos y cada unos de estos individuos, yo los clasificos en dos grupos generales: Perros y gatos.
Un perro establece una relación muy íntima con su amo, con aquel en quien puede depositar su confianza plenamente. El perro es posiblemente uno de los animales más sociables del mundo; en su mayoría, se socializan con todo el mundo, no dudan. Crean una dependencia en un vínculo muy cercano (su amo, amigos de este que suelen verle muy a menudo...), un vínculo del que no se desprenderían por nada del mundo, y que protegerá con dientes y garras.
En cambio, un gato es aquel animal que, pese que también establece una relación íntima con ciertas personas, sigue teniendo una cierta independencia intrínseca en él. Este puede establecer relación con otros que no sean de su especie, pero prefiere un círculo cerrado de animales de su clase. Obviamente, al cerrar el pase a su confianza en un grupo tan cerrado, crean una dependencia hacia estos, pero si es necesario, se deshará de ellos, pero no por ello, perteneciendo a este, huirá ante una situación de peligro o dejará que este se fragmente.
Pues bien, las personas-perro serían entonces aquellas que tienen una persona de la que dependen, una persona muy importante en sus vidas que no necesariamente tiene que ser su pareja. Este tipo de personas son bastante sociables, suelen conocer gente a menudo y causan simpatía a unas primeras. A pesar de esto, suelen tener un grupo de amigos que, en efecto, es su sitio. Un grupo muy importante para él, en el que cualquier pérdida será un fracaso para su moral.
En la otra mano, tenemos a las personas-gato. Este tipo de personas por supuesto que establece relaciones, pero prefiere grupos cerrados de gente. No le gustan las multitudes, y necesitan de un primer paso de aquel que quiera conocerle para que este se atreva a seguir conociéndolo. Las personas-gato, a diferencia de los perros, establecen un grupo cercano con otros gatos, no como el perro, que presenta grupos heterogéneos. El felino se entiende mejor con quien no tiene que explicarse. Por supuesto, en el apelativo "hombres-gato" esta también el término "hombre", por lo que una pérdida cercana le afectará, pero será esta característica gatuna la que le hará superar esta situación antes, ya que si en algo destacan los felinos es en ser supervivientes.
Aún así, existen perros y perros, gatos y gatos, excepciones y excepciones. Esta clasificación es muy general, porque como ya he nombrado, hay millones de tipos de personas, pero siempre habrá alguien que tire más para lo canino o lo felino. ¿Y tú, eres más perro o gato?
Muchas gracias, de verdad que se agradece. Y ya sabes lo que dicen de los gatos... Que caigan donde caigan, siempre caen de pie
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